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Conferencia Mundial de los Pueblos
sobre el Cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra
Cochabamba, Bolivia 19 al 22 de Abril 2010

Grupo de trabajo – causas estructurales

Enviado por “Un Mundo por Ganar” / A World to Win

1. El Capitalismo es la causa estructural de cambio climático

La causa estructural del calentamiento global es la transformación, a través del capitalismo, del esquema productivo e intercambio entre seres humanos hacia una interacción enajenada y unilateral. Esta relación “enajenada” significa que los seres humanos se han separado de la Naturaleza (Madre Tierra) y han forzado una relación antagonista con su propio ser.

El capitalismo no considera a la naturaleza como un “todo” del cual nosotros formamos parte, en contraste, lo considera como un recurso para ser explotado. Este enfoque simplista incluye a las personas que habitan el planeta y trabajan a favor de las transnacionales.

Debido a ello, se presenta un sistema basado en la apropiación privada de los medios de producción y de la explotación del trabajo; el capitalismo opera en contraposición directa con las relaciones inherentes de los seres humanos como parte de la naturaleza.

Esta relación enajenada con la naturaleza está constantemente exacerbada e intensificada por la necesidad del capitalismo de favorecer año tras año a los accionistas y combatir la disminución de las ganancias.

La interacción humana con la naturaleza tiene lugar hoy en día dentro del esquema del capitalismo global y de las todo poderosas transnacionales. Como resultado de esto, la restauración y preservación del ecosistema es, ya sea inexistente o, puesta en segundo plano.

Obtener de la naturaleza las cosas que necesitamos es el modo de vida de los seres humanos y, esta relación fundamental es primordial y absoluta. Sin embargo, todo absoluto contiene un relativo.

Cambios sin retorno podrían darse donde nichos ecológicos colapsen y la vida, del modo en que la conocemos, sea inexistente.

Para el capitalismo, cualquier actividad que no este directamente relacionada a generar lucro es una “externalidad”. Martin Wolf, editor de Financial Times, llamó al cambio climático como la “externalidad final”, además escribió: “Para las empresas ávidas de buscar el lucro no es de provecho alguno internalizar las externalidades, ya que de lo contrario ellas serían incapaces de competir contra aquellas que no lo hagan”. Con toda razón, Wolf concluye indicado que las transnacionales no encararán el problema del cambio climático a pesar de que esa movida política es necesaria (Ref.: Clarity is Crucial, Ensayo por Martin Wolf, Financial Times (London) Climate Change Series, No. 3; www.ft.com/climatechangeseries).

Gobiernos de la mayoría de los países, con tan solo un puñado de excepciones, aceptan el hecho de que una economía de mercado conducida por la búsqueda lucrativa es responsable del calentamiento global y la destrucción ecológica, no obstante es el único esquema posible para las interrelaciones en la sociedad humana. Ellos han impuesto la regla de lucrar en todos los sectores, incluyendo la agricultura, salud pública, transporte, medio ambiente, uso del suelo, energías, extracción de combustibles fósiles y las telecomunicaciones. Ellos están a muy alejados como para encarar tales problemáticas.

El Reporte Stern llamó al cambio climático como “la falla más grande del mercado”. Sin embargo, es una falla en el mercado que los gobiernos están ignorando y han elegido no ocuparse de ella. Pero, la falla de la banca en el mercado y de la economía mundial fue tratada de manera muy diferente.

Hemos visto esta realidad en efecto en Copenhague, donde los líderes de naciones ricas abandonaron la Convención Marco de las Naciones Unidas en su desesperación de conseguir el crecimiento bajo cualquier costo.

Estos líderes políticos son los mensajeros de poderosas transnacionales y de sus intereses financieros. Ellos no representan nuestros intereses. Por lo tanto, es ese poder de imponer sus decisiones para con nosotros lo que debemos cambiar.

Ya no hay mas tregua con el concepto de “capitalismo sostenible”. Tan solo una transformación revolucionaria del estado y de la propiedad de los medios de producción permitirán a la humanidad anunciar una nueva era de producción sostenible sin fines de lucro para las necesidades.

2. La economía de mercado no puede salvar al planeta

No es de extrañarse que cuando se habla de encarar el problema del cambio climático, estos gobiernos se vuelcan a los mercados capitalistas, el cual, según ellos, es el único mecanismo efectivo para dar soluciones.

Para reconocer la delicada naturaleza de la crisis climática y de los efectos del calentamiento global, algunos gobiernos de todo el mundo y, organizaciones como la Unión Europea, han empleado la ciencia para generar reportes a cerca de estos problemas, tales como el reporte Stern en Gran Bretaña. Ellos han intentado adoptar una seria de medidas, tales como el desarrollo de limitado de energía sostenible, reciclaje, aislamiento de las construcciones, reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero, producción de combustibles más limpios, algunas limitaciones en el uso de automóviles, incremento de los costos del acopio de residuos y así por el estilo. Pero el hambre lucrativa y la anarquía de la producción capitalista han hecho que tales medidas tengan poco efecto. Ellas quedan empequeñecidas por las actividades implacables y no reguladas de las multinacionales.

A pesar de la puesta en práctica del Protocolo de Kyoto, las emisiones de gases de efecto invernadero han continuado incrementándose y no así lo contrario; el capitalismo no considera que la economía de mercado basada en el uso de combustibles fósiles sea una falla. Al contrario, es una fuente de ganancias y actualmente créditos de carbono están siendo comprados a precios bajos por muchos comerciantes con la esperanza de una mejora en la economía mundial para el momento en el cual se los puedan vender de manera lucrativa.

Otro ejemplo inaudito como respuesta de las transnacionales neo-imperialistas hacia la crisis del calentamiento global es la de “apropiación de tierras a escala global”, donde 40 millones de hectáreas de tierra han sido compradas por estas transnacionales y por países ricos. Ahora, también inversionistas están inyectando dinero a los fondos de inversión privada para la compra de tierras.

Esta fue la respuesta más obvia del capitalismo ante el incremento del 50% del precio de los alimentos y artículos de primera necesidad que ocurrió en 2008.

Sin embargo, esto significa que la humanidad entera encara hambruna en una escala sin precedentes y que la tierra, el recurso más preciado que necesitamos, está siendo alienado como si fuese un restablecimiento de los sistemas de plantaciones colonialistas pero en un nivel más avanzado. Pero existe una diferencia significativa. Los gobiernos están consintiendo más éstas prácticas y están promoviendo negativamente el generar lucro de la venta de estas tierras. Esto subraya el hecho de que la lucha anti-imperialista es un proceso incompleto el cual sólo puede ser completado con nuevas movilizaciones y levantamientos en nombre de la independencia y en contra del yugo de las transnacionales y de sus clientes.

3. Desarrollo desigual

Nosotros no podemos aceptar un modelo de desarrollo donde las élites se hagan más ricas aún, mientras los pobres, las clases trabajadoras, los agricultores, los campesinos, los sin tierra y la gente originaria o nativa paguen el precio.

Los gobiernos con nuevas visiones post imperialismo tales como China, Indonesia e India fomentan el derecho de desarrollarse de modo que ellos puedan transformar a sus clases profesionales dentro del sistema consumista del modelo norteamericano.

No se puede confiar en este derecho que claman tales gobiernos y/o sus ideologías ya que tan pronto el capitalismo entre en crisis en todos y cada uno de los países, las clases trabajadoras pasarán a convertirse de consumidores valorados a innecesarios desempleados y/o personas sin hogar.

Cortes significativos en las emisiones de los gases de efecto invernadero deben ser hechas una realidad alrededor del mundo, pero la simple idea de minimizar el consumo de combustibles fósiles en China, India e Indonesia no es considerada como “justicia climática”, mucho menos, justicia de alguna clase para poder frenar este trillado y desastroso camino conducido por la ganancia lucrativa.

El desarrollo justo y consciente tan solo puede ser alcanzado dentro de un modelo internacional que rete el derecho de las transnacionales y de los gobiernos, donde sea que estén en el mundo, quienes van destruyendo la tierra, a las personas y los ecosistemas naturales en su búsqueda por las ganancias lucrativas.

Los organismos internacionales formados por los países capitalistas no podrán ser persuadidos de promover este cambio. La Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) está atada de manos, así como cuando la ONU no pudo poner un alto a la guerra en Irak, tampoco podrá detener a las transnacionales de las naciones poderosas de que plasmen sus intereses respecto a un “crecimiento a cualquier costo”. El único organismo internacional efectivo con el cual las grandes naciones están comprometidas es la Organización Mundial del Comercio, promotora de la globalización y del consumismo.

Por lo tanto, una nueva forma de cooperación internacional es necesaria, basada en las luchas revolucionarias por el respeto a la democracia y la soberanía y auto-determinación de cada país. Ésta podría conciliar a las personas de todo el planeta en un forum democrático y, de este modo, planificar y frenar juntos el crecimiento basado en las emisiones de carbono y mitigar los impactos que ahora son inevitables. Ellos podrían recurrir a todo el conocimiento de científicos climáticos, expertos en salud y alimentación para apoyarse mutuamente y fomentar un desarrollo dirigido hacia un auto gobierno e independencia económica.

Traducido por J.C. Ernesto Miranda Uribe
www.aworldtowin.net
Londres, 31 de Marzo, 2010

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